jueves, 4 de septiembre de 2014

Las últimas fotos de Maisie Deacon.

A veces, lo que más nos aterra no son las
cosas concretas que nos suceden, sino el
carácter inexplicable de ciertos hechos. Esto
suele vivirse principalmente en la esfera del

mundo oculto y sobrenatural, donde no es
necesario que creamos en ciertas realidades
para que, al jugar con éstas, corramos el
riesgo de sufrir consecuencias nefastas,
siniestramente inverosímiles, como en el caso
que veremos.
La historia que se narrará no es inventada:
trata de las últimas fotos que se tomaron de
Maisie Deacon, una inocente niña de apenas
11 años, cuyos últimos momentos de vida
fueron captados en dichas fotografías.
Todo ocurrió un fatídico 23 de octubre de
1991. Era una mañana aparentemente normal,
con el sol esparciendo su luz sobre las plantas,
el cielo bastante despejado y el viento en
calma. Isabel, hermana mayor de Maise,
siempre había tenido un vínculo muy estrecho
y cálido con ella, pero aquella mañana de
octubre la vería por última vez…
A la manera de ver de Isabel y de todos en la
familia, Maise era una niña muy creativa, muy
vivaracha y fantasiosa, dotada de una viva
imaginación que a veces se expresaba en
acciones extrañas, lúdicas y un poco cómicas.
Así, esta vez Maise estaba fuera de casa,
forcejeando como si luchara con alguien,
haciendo como si alguien la intentase
dominar.
Cuando Isabel vio a Maise, creyó que la
pequeña estaba entreteniéndose imaginando
alguna historia en la que era la protagonista o
algún personaje. Estaba probando qué tan
buena actriz podía ser, por decirlo de algún
modo. O bueno, eso fue lo que pensó…
Emocionada, Isabel fue corriendo a buscar
una cámara, muy antigua y pesada, pero que
sorprendentemente todavía funcionaba. Solo
ellas dos estaban en casa, e Isabel quería
compartir con su familia las locuras de su
hermanita, así que apuntó con la cámara y
fotografió a Maise, pero a los pocos segundos
fue golpeada por lo que a su parecer fue una
ráfaga de viento anormalmente fuerte.
Tras recobrarse de su aturdimiento, Isabel
miró a uno y otro lado en busca de su
hermana. Maise no estaba en ningún lado:
Isabel la llamó gritando, le dijo que no era
gracioso esconderse de esa manera, que le
diría a papá para que la castiguen, o incluso,
ya desesperada y a punto de llorar, le ofreció
sus muñecas si aparecía.
Por otro lado, además de la ausencia de su
hermana, hubo algo que perturbó a Isabel
desde que recobró la conciencia: allí, junto a
ella, estaba un cráneo humano. Inicialmente,
quizá intentando mantener la calma, probó a
pensar que el cráneo era una parte de la
broma pesada de Maise, quien supuestamente
se estaba haciendo la desaparecida. Sin
embargo, los minutos pasaron, el cráneo
seguía allí, su hermana no aparecía, y las
lágrimas empezaban a caer, poco a poco,
hasta que rompió a llorar histéricamente…
Cuando los padres de Isabel llegaron y ésta les
contó lo sucedido, inmediatamente
comunicaron el hecho a la Policía. Pero había
algo que no dejaba de angustiarles, de
quemarles el alma con el más profundo
desconcierto, y con el temor de que en todo
lo acontecido hubiese algo que no era de este
mundo: ahí, en las fotos que Isabel tomó de
Maise antes de que desapareciera, se veía una
figura encapuchada y vestida de negro, que
intentaba dominar a la niña con un brazo,
mientras con el otro sujetaba un cráneo
humano.
¿Quién era el perverso y encapuchado
extraño?, ¿por qué cargaba un cráneo?, ¿era
un cráneo real?, ¿de quién era el cráneo?…
Muchas preguntas zumbaban incesantemente
como moscas en los cerebros de los padres de
Maise, pero la espera acabó parcialmente
cuando los forenses dieron sus resultados,
después de analizar el cráneo junto con fotos
de Maise y cabellos que afortunadamente la
niña había dejado en un peine: el cráneo, ese
cráneo que apareció ya seco junto a Isabel,
pertenecía nada más y nada menos que a
Maise… A la luz de los resultados, la pregunta
ya no era tanto quién era el extraño
encapuchado, sino…qué era; y eso, eso nunca
se supo. Solo quedaron las fotografías, dos de
las cuales alcanzaron gran fama, y son estas.

Foto: Las últimas fotos de Maisie Deacon.

A veces, lo que más nos aterra no son las
cosas concretas que nos suceden, sino el
carácter inexplicable de ciertos hechos. Esto
suele vivirse principalmente en la esfera del
mundo oculto y sobrenatural, donde no es
necesario que creamos en ciertas realidades
para que, al jugar con éstas, corramos el
riesgo de sufrir consecuencias nefastas,
siniestramente inverosímiles, como en el caso
que veremos.
La historia que se narrará no es inventada:
trata de las últimas fotos que se tomaron de
Maisie Deacon, una inocente niña de apenas
11 años, cuyos últimos momentos de vida
fueron captados en dichas fotografías.
Todo ocurrió un fatídico 23 de octubre de
1991. Era una mañana aparentemente normal,
con el sol esparciendo su luz sobre las plantas,
el cielo bastante despejado y el viento en
calma. Isabel, hermana mayor de Maise,
siempre había tenido un vínculo muy estrecho
y cálido con ella, pero aquella mañana de
octubre la vería por última vez…
A la manera de ver de Isabel y de todos en la
familia, Maise era una niña muy creativa, muy
vivaracha y fantasiosa, dotada de una viva
imaginación que a veces se expresaba en
acciones extrañas, lúdicas y un poco cómicas.
Así, esta vez Maise estaba fuera de casa,
forcejeando como si luchara con alguien,
haciendo como si alguien la intentase
dominar.
Cuando Isabel vio a Maise, creyó que la
pequeña estaba entreteniéndose imaginando
alguna historia en la que era la protagonista o
algún personaje. Estaba probando qué tan
buena actriz podía ser, por decirlo de algún
modo. O bueno, eso fue lo que pensó…
Emocionada, Isabel fue corriendo a buscar
una cámara, muy antigua y pesada, pero que
sorprendentemente todavía funcionaba. Solo
ellas dos estaban en casa, e Isabel quería
compartir con su familia las locuras de su
hermanita, así que apuntó con la cámara y
fotografió a Maise, pero a los pocos segundos
fue golpeada por lo que a su parecer fue una
ráfaga de viento anormalmente fuerte.
Tras recobrarse de su aturdimiento, Isabel
miró a uno y otro lado en busca de su
hermana. Maise no estaba en ningún lado:
Isabel la llamó gritando, le dijo que no era
gracioso esconderse de esa manera, que le
diría a papá para que la castiguen, o incluso,
ya desesperada y a punto de llorar, le ofreció
sus muñecas si aparecía.
Por otro lado, además de la ausencia de su
hermana, hubo algo que perturbó a Isabel
desde que recobró la conciencia: allí, junto a
ella, estaba un cráneo humano. Inicialmente,
quizá intentando mantener la calma, probó a
pensar que el cráneo era una parte de la
broma pesada de Maise, quien supuestamente
se estaba haciendo la desaparecida. Sin
embargo, los minutos pasaron, el cráneo
seguía allí, su hermana no aparecía, y las
lágrimas empezaban a caer, poco a poco,
hasta que rompió a llorar histéricamente…
Cuando los padres de Isabel llegaron y ésta les
contó lo sucedido, inmediatamente
comunicaron el hecho a la Policía. Pero había
algo que no dejaba de angustiarles, de
quemarles el alma con el más profundo
desconcierto, y con el temor de que en todo
lo acontecido hubiese algo que no era de este
mundo: ahí, en las fotos que Isabel tomó de
Maise antes de que desapareciera, se veía una
figura encapuchada y vestida de negro, que
intentaba dominar a la niña con un brazo,
mientras con el otro sujetaba un cráneo
humano.
¿Quién era el perverso y encapuchado
extraño?, ¿por qué cargaba un cráneo?, ¿era
un cráneo real?, ¿de quién era el cráneo?…
Muchas preguntas zumbaban incesantemente
como moscas en los cerebros de los padres de
Maise, pero la espera acabó parcialmente
cuando los forenses dieron sus resultados,
después de analizar el cráneo junto con fotos
de Maise y cabellos que afortunadamente la
niña había dejado en un peine: el cráneo, ese
cráneo que apareció ya seco junto a Isabel,
pertenecía nada más y nada menos que a
Maise… A la luz de los resultados, la pregunta
ya no era tanto quién era el extraño
encapuchado, sino…qué era; y eso, eso nunca
se supo. Solo quedaron las fotografías, dos de
las cuales alcanzaron gran fama, y son estas.

-Exorcista.

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